Odio la música habla explícitamente del odio desde todas sus aristas. Desde no encontrar a alguien en las canciones que te solían emocionar, a odiar el tener que vender tu música para poder pagar la casa, a directamente preferir escuchar cualquier cosa antes que una canción más. Odio al amor, odio a la industria, odio al trabajo. Odio para todos los gustos. Decir algo así es muy incómodo. Pero no creo que estemos solas en esto. En esta sensación contradictoria de amarla y odiarla. Que el mundo arda mientras haces la banda sonora tampoco ayuda a sacralizarla. Sin ser demasiado ceniza pero… ¿Qué estamos haciendo todos? Artistas, oyentes, festivales, industria….démosle una vuelta, acompáñame.
Cuando estábamos aún buscando si teníamos algo que contar, me senté un día a sentir y escribir cosas y el odio a la música apareció. El problema no era la música como lenguaje. Fue estar agotada de ella. ¿Por qué nos cansa algo que amamos? Y de ahí salió esta canción. No quiero contar tampoco mucho porque claro no ha salido, pero nos pusimos a hablar de qué es ser música, dedicarse a esto. Nos preguntamos si debajo de ese cansancio que sentíamos aún quedaban cosas que la salvasen de ser solo un producto… Había que buscarlas y por suerte las encontramos. Nos ayudó mucho toda la música de 1998 a 2017, cuando aún amábamos la música sin condición. Volver a amarla implicaba pasar por alto muchas incomodidades que la rodean y desafinan. Nos hicimos muchas preguntas todo ese tiempo, pero no llegamos a ninguna conclusión. Y justo en ese baile del si y el no, en esa contradicción, fue donde encontramos el lugar más honesto de todos. Esa herida probablemente siempre esté abierta pero renunciar a la música es renunciar a nosotras mismas. Así que ¿qué le hago? si me sale de dentroooooo
Pascal Quignard, en El odio a la música, lo plantea muy bien. Para él, el problema no es la música en sí, sino su omnipresencia. "Cuando la música era rara, su convocación era conmovedora. Cuando la convocación es incesante, la música repele." El oído no tiene párpados, no puede cerrar los ojos y dejar de ver. La música, lejos de ser un refugio humanista, se ha convertido en una herramienta de domesticación y el oído es el órgano de la obediencia. Por él entran las órdenes, los discursos, la misa, los anuncios, los putos tiktoks… Igual solo hay que educar al oído y llevarle a terapia para que aprenda a decir ¡NO!
Bueno que estamos bien, podríamos haber elegido el silencio o no hablar de estas cosas pero necesitábamos ser sinceras y este en algún momento fue el punto de partida.
Ala, a ver si os gusta. Viva la música
Un beso,
Cariño

