Una presa, cuando se rompe, pierde agua a borbotones. Y “La Belleza”, como cualquier cosa contenida durante muchos años, explota en demasía: destaca precisamente por su opulencia y su enfoque en la maestría técnica. Impregnado de confianza y grandeza, el álbum es una retrospectiva a la época dorada del rock de estadio (dicho de otra forma, cuando era el rock el que llenaba los estadios): en los doce temas que conforman el trabajo, el power trío transita desde el art-prog hacia un rock más duro pero igualmente sofisticado, haciendo fácil lo difícil, experimentando sin perder su carácter popular.
Solo más es más: el álbum está cargado de solos de guitara a todo trapo, distorsión y redobles imposibles. Solo más es más, pero eso también aplica a las personas. Benito invita a la unidad y la resistencia ante las adversidades de la sociedad moderna. Su lucha es oscura pero también esperanzadora, como canta en “Hambriento” (“No gobernarás, no me perturbes la tranquilidad”), o en “Impostor” (“Tengo mi cielo despejado, somos leones enjaulados que permanecen hambrientos”).
Compuesto y producido por el vocalista, el álbum ha sido mezclado y masterizado por Alex Ferrer. “La Belleza” marca un(re)nacimiento artístico para Benito, una nueva faceta más íntima y personal. Fusionando la energía del hard-rock con la profundidad del art-rock, también el virtuosismo técnico y la emotividad se relacionan como uña y carne. El power trío presenta un debut cargado de vulnerabilidad operística, entendiendo que la fuerza proviene, muchas veces, de entender las debilidades propias.