Grumpys viven en un parque de atracciones abandonado junta a una playa, donde las atracciones siguen funcionando, aunque nadie las revise. Una imagen que sirve para hablar de la queja, no solo como una voz propia que se castiga y se habla mal a sí misma, sino también como una forma de rebelarse contra la prisa que atraviesa nuestras vidas. En esa carrera por cumplir con lo que se espera de nosotros, el vínculo con una misma se desgasta y la fortaleza interior se resiente, como las montañas rusas con los tornillos oxidados a las que todo el mundo sigue subiéndose. Serena, el primer EP del quinteto madrileño con Sonido Muchacho, recorre esos vínculos como si estuvieran atrapados en una backroom detenida en el tiempo.
Lucía (voz y guitarra), Martín (guitarra), Juan (batería), Kaoru (bajo) y Sofía (voces) llegaron allí en verano de 2025, cuando Lucía y Martín hicieron "Demasiadas Cosas" para voz y guitarra y los otros cuatro la llevaron al shoegaze, el dream pop y el rock alternativo. El primer adelanto del EP, "Dos Mentes", contaba el reencuentro de dos personas con una historia a medias y la contradicción entre lo que se quiere y lo que se debería evitar.
"Llena de amor", su nuevo single, es una montaña rusa de emociones: las del vínculo que una mantiene consigo misma, que puede ser el más comprensivo y el más cruel a la vez. Es la voz que más se escucha a lo largo del día y la que peor suele hablar. La letra recoge esas conversaciones internas cargadas de reproches (la falta de tiempo, de energía y de consecuencia, la exigencia de ser productiva que absorbe hasta paralizar), y la música reproduce el trazado de esos altibajos. La canción arranca suave y la batería de Juan va subiendo como la cadena que arrastra el vagón hasta la primera cima, hasta asentarse en un ritmo de pop rock; luego se detiene en seco y vuelve a subir. En el tramo más íntimo, la letra cuenta cómo se siente un bloqueo en mitad del caos y la prisa, cuando una se exige tanto que acaba paralizada.
Los últimos minutos de "Llena de amor" son la gran caída final, la catarsis con la frustración acumulada a todo volumen, y la banda la deja correr hasta que el vagón frena en la estación y todo vuelve a la calma. En "Dos Mentes" la caída llegaba en el estribillo; aquí se guarda para el final. Después del grito, la voz que llevaba toda la canción reprochando cambia de tono, y aparece la luz interna del título, la que también forma parte de cada una, aunque se encienda por rachas.
"Serena" reúne cinco canciones grabadas en Moba Studios. De todos los vínculos de los que hablan, el que una mantiene consigo misma es el único que dura toda la vida: el menos perecedero y, por ello, también el más complicado.