La actitud de Juventud Juché podría resumirse con una máxima tipo “hazlo fácil y hazlo por ti mismo”. A partir de esa premisa la formación se lanzó desde su nacimiento -hace algo menos de un lustro- a un maratón de ensayos y (sobre todo) directos que les hicieron crecer y desarrollarse sobre el escenario. Tras una serie de grabaciones previas, la evolución se plasmó en Quemadero, abrupto ejercicio de art-punk que demostró muchas cosas. Tal vez la más importante de todas, que a día de hoy no existen los sonidos “difíciles” si se afrontan con la suficiente pasión, inteligencia y fe en las propias posibilidades. De todo eso Juventud Juché van sobrados, por lo que la recepción que Quemadero tuvo entre crítica y público fue entusiasta, permitiendo a la banda salir del circuito madrileño, patearse el país y seguir creciendo.

Y aún mayor fue la repercusión de Movimientos, segundo y definitivo largo, que les aupó entre el top de lo mejor del año (2º disco nacional para Mondo Sonoro, y 4º para Rockdelux, por ejemplo), y les confirmó como una de las mejores bandas del país. Producido con maestría por Ian Crause (de Disco Inferno), y masterizado por Bob Weston de Shellac.