El tiempo funciona de manera totalmente diferente para La Plata que para el resto del mundo. Se da en la formación valenciana una paradoja. Es difícil encontrar a día de hoy a una banda que refleje mejor el momento en el que estamos y hacia dónde vamos. Pero al mismo tiempo La Plata es, en todos los sentidos, un grupo que parece llegado desde otro tiempo, con ese halo de formación clásicaenvuelta de romanticismo que resulta casi imposible encontrar en estos tiempos de exhibicionismo en RRSS y cultura del consumo rápido. Todos su pasos parecen profundamente meditados, como si respondieran a un plan maestro que viene cumpliéndose cuidadosamente desde que el grupo debutara con Un atasco, aquel EP de tres canciones que Sonido Muchacho publicó en 2017.

TrasUn atasco vendría la confirmación definitiva del grupo, su largo de debut Desorden, que les situó casi sin pretenderlo al frente de la nueva generación de bandas de guitarras, y muy cerca también de una nueva ola de formaciones muy interesadas por los sonidos oscuros, de raigambre postpunk, de la que forman parte nombres como VVV, Futuro Terror, Somos La Herencia o Último Día.

Pero más allá de posibles parentelas, La Plata han hecho su camino al margen de influencias externas. Rindiendo tributo, sí, a formaciones como Décima Víctima a los que reconocen como maestros y a quienes han llegado a versionar, pero desarrollando al mismo tiempo una línea de trabajo propia que incluye no sólo un sonido personalísimo sino una imagen gráfica que, a pesar de su criticismo, ya se ha convertido en marca de la casa.

La publicación en 2022 de su segundo álbum, Acción directa, viene a confirmar lo que ya sabíamos: que La Plata es una rara avis dentro y fuera de nuestras fronteras, una formación destinada a convertirse en objeto de culto por las próximas generaciones y que nosotros tenemos la fortuna de disfrutar aquí y ahora en su deslumbrante plenitud.