¡PAN PAN PAN!

No podríamos estar más orgullosos de presentar el primer single de El Buen Hijoen esta casa: al fin está disponible “El Muro de Aljucén“, primer adelanto del disco debut de una de los secretos mejor guardados de nuestra música. Un single mucho más enérgico que sus anteriores trabajos, y que viene a ser la antesala de un largo formado por 11 canciones que son curiosas historias de amor, amistad y desgana. Todas ellas vibrando al ritmo de baterías poderosas, guitarras distorsionadas, letras increíbles, coros vibrantes y texturas de sonido para firmar un LP que recuerda a bandas de hace décadas y que a su vez logra el brillo del pop más actual.

Ya disponible también el clip dirigido por Jorge Rico.

A lo tonto El Buen Hijo llevan cinco años paseando sus canciones por los escenarios y las platafomas convertidos en una suerte de eterna promesa de la escena indiepop de guitarras. Una escena que hasta hace poco dominaba el cirtuito musical alternativo y que de un tiempo a esta parte ha perdido cierto foco, deslumbrada por el intenso fulgor de todo lo que cuenta con pedigree urbano. Cinco años puede parecer mucho tiempo visto con perspectiva pero, pandemias al margen, no lo es tanto en realidad para un grupo que ha madurado con calma, atendiendo en paralelo a los proyectos de algunos de sus componentes (Cariño, Daniel Daniel, Chavales, Sant Miquel…). Y eso a pesar de que El Buen Hijo conoció un inesperado éxito cuando canciones como La fatalidad de las cosas, Pekin, El hombre del tiempo o Walasse Ting aparecieron en la banda sonora de la popular serie de Netflix Paquita Salas.

En cualquier caso todo eso pertenece a otro momento en la vida del grupo, cuando Marco, Alicia, Daniel, Cham y Miquel autoeditaban sus primeras canciones sin muchas pretensiones más allá de sentar las bases del proyecto. Pan pan pan es su primer largo y también su primera referencia de la mano de Sonido Muchacho, una colección de canciones que trasciende el encanto naive de sus primeras grabaciones y nos presenta a una banda perfectamente engrasada, entregada a una reivindicación del pop de guitarras que supone -¡quién lo iba a decir!- un soplo de verdad y de aire fresco entre tanto sonido enlatado y abuso del autotune que caracteriza al actual contexto de tiranía urban